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Cartelera Segovia: Érase una vez en Hollywood

Como buen cultureta, me faltó tiempo para, una vez estrenada en Segovia, ir a ver la última de Tarantino, Érase una vez en Hollywood. Gran película que gustará especialmente a los cinéfilos. Pero que también decepciona un tanto, evidentemente no por la película en sí, que es realmente buena (insistimos), sino por las enormes expectativas -el hype– sucitadas.

Como buen cultureta soy fan de Quentin Tarantino. Jackie Brown es para mí una enorme obra de arte y no se quedan atrás Reservoir Dogs o Pulp Fiction, con un ya mítico uso del desorden temporal como elemento narrativo. Del resto, siendo siempre películas correctas, creo que son demasiado frikis para mi gusto resultándome algunas de ellas algo aburridas. A estas alturas pensaba que Tarantino era un autor amortizado, aunque Los Malditos Ocho me volvió a reconciliar en parte con el gran director.

Así que con la ilusión de ver nuevamente a un Tarantino en estado de gracia me voy a ver Érase una vez en Hollywood, de cuyo argumento poco se puede decir sin destripar un final sorprendente y cargado de talento.  Es la recreación de la «meca del cine» en 1969, año que se considera un punto de inflexión. En poco tiempo Hollywood dejará de ser la fábrica de churros de series B y C, desmantelando su estructura de estudios y obligando a reciclar a toda una generación de actores como Rick Dalton (Di Caprio, enorme) o extras, especialistas, asistentes, una suerte de clase proletaria hollywoodiense tal que Clift Booth (Brad Pitt). En este sentido, la película es lo que Roma al DF de Quarón, pero mientras el segundo enfoca con una mirada triste y algo aleccionadora, Tarantino lo hace desde el amor al cine y la bohemia. Un no parar de referencias películas ora estrambóticas ora lengendarias pero de culto y una afectuosa mirada a la libérrima bohemia californinana. Hippies, libertinos con valores, sin valores, poetastros macarras, actorazos que no saben que lo son, productores sin corazón pero enamorados del cine hasta las cachas, starlettes cargadas de vida destinadas a un truculento final…

Hay momentos insuperables. Algunos hilarantes, un ucrónico enfrentamiento entre Brad Piit y Bruce Lee, por ejemplo mientras se rueda secuelas televisivas de Green Hornet. Otros inquietantes,  la entrada de Booth en un rancho ocupado por la secta hippy satánica de Charles Manson. Di Caprio está de Oscar en varias escenas, especialmente en su monólogo en el que se pone de manifiesto esta dualidad del actor honesto y a la vez neurótico hasta el extremo , o cuando homenajea el cine de Sergio Leone (y del español, totalmente olvidado aquí, Romero Marchent, director que fuera de Curro Jiménez y de un puñado de, Tarantino dixit, alucinantes westerns, yo solo recuerdo sus dos del Zorro, que son una pasada). La banda sonora es otro lujo, con guiño a los Bravos y un uso memorable del Out of time de los Stones (¡que gran canción para un flow cinematográfico del copón!). Y en el plano técnico, qué decir, virguería tras virguería buscando la originalidad del plano, su simbolismo, su perfección (o cuando menos, eso dicen los entendidos).

De Tarantino se dice que se ha pasado media vida viendo pelis de serie B coreanas, españolas, mexicanas, por supuesto americanas, que a partir de ir descubriendo genialidades aquí y allí, ha edificado un cine personalísimo y lleno de talento, que rinde culto a la cultura pop. En Érase una wez Hollywood hay mucho homenaje al cine en general y al western en particular. Eso está bien, muy bien.

Lo que te despista es la falta de trama. La película está articulada como un «hay dos tipos a los que les pasan cosas raras», un montón de anécdotas y destellos que, a diferencia de lo que pasaba en Reservoir Dogs, Pulp Fiction o Kill Bill, aparenta carecer de un armazón narrativo «cerrado» .  Lo que no quiere decir que no exista. Puede ser dos cosas. O bien Tarantino pone en imágenes una vitalista y amable reflexión sobre cómo la cultura popular y el cine muy especialmente salvan a la cultura en general. O bien es un preámbulo de su décima y, al parecer última película, de la que Érase… vendría a ser como el Vol 1 (o la secuela). Me abono a lo primero pero me gustaría que fuera lo segundo.  En cualquier caso, me emplazo a volver a disfrutar la novena película de Tarantino, a ver qué rasco.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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1 Comment

  1. A mí me pareció aburrida, lenta, viejas glorias que tienen que llenar el tiempo en la pantalla.

    La lucha entre Brucee Lee y Brat Piit, es absurda, increíble, y hasta con ciertos tintes xenófobos, tanto en como ridiculiza a Brucee Lee, como por el aire de superioridad en los comentarios frente a las películas italo-americanas. Difícil aguantar hasta el final.

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