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Cartelera Segovia: Detroit

No hay acuerdo entre la crítica a la hora de valorar esta película de Bigelow. A mí me gusto mucho En Tierra Hostil, su honesto intento por alejarse del tópico y del dualismo maniqueo a base de un cine con sabor a reportaje muy bien montado, es decir, una directora con muy buen pulso para el cine histórico. Y debo decir que bastante de eso he encontrado en Detroit, pero con reparos.

La película se basa en los disturbios raciales de Detroit, que entre el 23 y el 29 de julio de 1697 se saldaron con 23 muertos, 7.000 detenidos y 2.000 edificios o destruidos o parcialmente destruidos. Empieza directamente con la redada contra un bar ilegal, donde soldados negros recién licenciados del Vietnam se corrían la gran juerga. La redada dio paso a una revuelta popular seguida del pillaje de establecimientos. La represión consecuente no hizo más que amplificar la rebelión, para cuyo apaciguamiento hubo que recurrir a la Guardia Nacional y a dos divisiones paracaidistas, entre otras la mítica 101 Aerotransportada, cuyas andanzas desde Normandía a la colina de la Hamburguesa han sido prólijamente versioneadas por el cine.

El primer problema es que el contexto no está bien explicado más allá de un simplón “los negros estaban peor y la policía era mayoritamienta blanca”. Por así decir, Detroit te mete en pleno fregado sin muchas explicaciones. Tiene dos partes, en una primera se nos va presentando a algunos de los personajes del episodio central en su día a día durante la revuelta. Estos despista un tanto, el orden temporal va a saltos, no es fácil.

Llegamos al centro de la película. Una intervención por un supuesto tiroteo desde un motel deriva en un brutal suceso de acoso policial. Aquí ya no solo es el racismo lo que se denuncia, es también el mirar para otro lado, la difícil tesitura de los equidistantes, y en gran medida, el sexismo. A los demenciados polis lo que les molesta realmente es encontrar a dos chicas blancas manteniendo relaciones con hombres de color y ver desafiada su posición de poder. Eso cataliza el drama.

Sea como fuera el suceso del motel, con escenas de una tremenda tensión y a mi juicio un tanto largas, terminó en el típico proceso contra el racismo policial, tan de modo hoy en los USA, con un resultado desolador.

El resultado cinematográfico es muy desigual. Los actores están muy bien, la ambientación impecable, el montaje soberbio, pero la historia da demasiados tumbos, no ofrece explicaciones y se ceba en la tensa situación que se vive en el motel. Como compensación hay todo un despliegue de sonido Detroit de muchos quilates, de hecho, esta película funcionaría mejor como musical que como reportaje histórico. Esa es mi impresión.

Hoy Detroit es el icono de ciudad degradada. De experimentar un urbanismo puntero, los crecimientos más rápidos del mundo y tener una consolidada clase media de color a primeros de los 60, ha pasado a ser sinónimo de municipio fallido. Actualmente cuenta con 700.000 habitantes y se la considera una de las ciudades más peligrosas de USA. A primeros de 1960 era el paraíso laboral de la clase trabajadora americana y tenía 1,8 millones de vecinos. Lo peor que se puede decir de la película es que no ayuda para nada a entender eso. Es como un paréntesis en ese proceso de degradación. Y claro, sorprende.

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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