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Cartelera Segovia: Coco

Desde que Disney compró Pixar la productora se ha caracterizado por lanzar anualmente un par de secuelas de sus grandes éxitos (en 2017 tocó Cars III y para 2018 está prevista la cuarta entrega de Toy Story y la tercera de los Increíbles) y probar suerte cada dos años con alguna novedad más arriesgada. Tras poner el listón muy alto con Inside Out, fallaron con el Viaje de Arlo. 2017 era por tanto un punto de inflexión, momento de ver si Pixar sigue estando entre las grandes o se pasa definitivamente al insoportable y soporífero bando de la Disney.

Y gracias a Coco Pixar sigue estando entre las grandes. Tremenda película, de guión ingenioso, con muchas vueltas y guiños, de fastuoso empaque visual, de lo mejor que ha salido de la Pixar.

La película es un emocionante homenaje a la cultura mexicana, justo en unos momentos en que lo chicano se haya en entredicho por el inefable presidente Trump. Muy valiente y oportuna políticamente hablando. Un ¡Viva México! en toda la regla.

El guión, repito, es de digno de estudio, de los que Disney es incapaz de alumbrar. Todo sucede en el día de los Muertos, Difuntos, que en México tiene todo un desarrollo muy particular, mezcla de la cultura ibérica y de los pueblos precolombinos. Ese día las familias realizan un convite paranormal, levantan altares a los difuntos familiares y alfombran de pétalos el camino a casa, invitándoles a volver al mundo de los vivos de la salida a la puesta del sol. Se supone que todos los finados recordados acuden al convite en forma espectral, en tanto los no recordados se difuminan, se convierten en muertos entre los muertos.

Hasta ahí un original planteamiento folclórico colorista del que los dibujantes extraen petróleo en forma de delirantes paisajes y escenografías que te dejan con la boca abierto y de cuyo acierto puede dar idea que Coco sea, ahora mismo, la película más taquillera en México de todos los tiempos.  Pero tal como pasó con el Viaje de Arlo, tú puedes marcarte un despliegue fastuoso y aburrir hasta a las ovejas a golpe de caer en lo previsible. Así que se precisa una trama, en este caso buenísima también.

Miguelito Rivera es un mocoso, quinta generación de una recta familia de zapateros. En la familia odian la música desde que el mariachi tatarabuelo dejara abandonada a la tatarabuela, pero Miguel lo lleva dentro. Estudiando en secreto los vídeos de la estrella de cine Ernesto de la Cruz, trasunto memorable de Jorge Negrete, Miguelito se ha convertido en un secreto genio de la guitarra. A sus doce años es el momento de plantar a la familia de los vivos… y a la de los muertos.

Con semejantes mimbres Coco se adentra sin complejos en lo musical, con geniales recreaciones del cine mexicano de los 50, y estupendos números musicales de mariachis y zorongos que enfatizan si cabe el cántico a la cultura mexicana de la cinta. Pero hay más, bastante más en este emotiva, preciosa y súper entretenida película que se hace cortísima. La única pega es que para verla hay que pasar por un corto estúpido a propósito de Frozen, cansino como una vaca en brazos, absolutamente desaconsejable no siendo el espectador una niña de ocho años para abajo.

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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