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Cartelera Segovia: Asesinato en el Orient Express

Asesinato en el Orient Express es una película recomendable, revisión del clásico de Agatha Christie, que más que al talento de la escritora, rinde culto al lujo romántico del periodo de entreguerras y al teatro. Esta es su mayor pega y a la vez, su principal virtud.

Entre las dos guerras mundiales el mítico tren vivió su momento de auge. El viaje duraba entre 4 y cinco noches con dos líneas,  el trayecto alemán (de Estambul a Bucarest, por Viena y Munich a París), y la del Simplón (dicha así por el túnel alpino inaugurado en 1919) y que atravesaba los Balcanes hasta Venecia, de ahí a Milán, Zurich y París. El lujo de la primera clase, con mobiliario Art-Decó y renombrados chefs al cargo de los menús, así como el carisma de los viajeros top, que si casas reales, diplomáticos, militares de alto copete, confería al viaje un glamour que Agatha Christie utilizó ocasionalmente en cuentos y novelas y muy especialmente la que nos ocupa, escrita por la impenitente viajera inglesa (una fija del Orient Express) en 1934.

Poirot es llamado con urgencia a Londres desde Estambul (no sé qué pinta el arranque de la novela en Jerusalen). Embarcado en el Orient Express el mostachudo detective deberá resolver un críptico crimen en los vagones de Primera con un reducido número de sospechosos. La gracia de este argumento recae en primer lugar en el glamour de los sospechosos. Casi todos alta sociedad inmersos en un contexto de lujo. Como efecto añadido, Christie añade el aislamiento; al llegar a Croacia una gran nevada obliga a parar el tren, que permanecerá aislado unas 48 horas. Nadie puede entrar ni salir, un efecto que se ha usado exhaustivamente con posterioridad y siempre rentable dramáticamente; recientemente Tarantino lo usó en Los Malditos 8. Como tercer factor está el enigma intelectual, el cómo se hizo el crimen, con la habitual técnica de Christie de ir dejando piezas verdadera y falsas hasta recomponer el puzle en la típica quedada final con todos los sospechosos concentrados en un único espacio.

En esta nueva versión -en 1974 Albert Finney ya protagonizó una muy buena cinta- lo primero, el glamour de personajes y entorno, brilla con luz propia. Kenneth Branagh, Penélope Cruz, Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp o Derech Jacobi son una nómina de estrellas difíciles de ver en un proyecto común, al tiempo, la producción es esmerada y llamativa (a destacar las magníficas infografías ilustrativas de Estambul y Jerusalén). Los otros dos factores no están, por el contrario, tan bien construidos. En especial el último. Se diría que Branagh, a la vez director de la película, sabedor que la gran mayoría de los espectadores ya conocen la solución del caso, parece más interesado en montar una teatralizada reflexión sobre el homicidio y la venganza, donde el propio Branagh es el que lleva la voz cantante y monopoliza primeros planos y soliloquios.

Así pues, en el Orient Express de 2017 hay poco trabajo detectivesco. Las pistas pasan embarulladas sin apenas tiempo para el análisis tras una larga presentación de los sospechosos. La trama policíaca queda así desdibujada y pasa a ser algo secundario en aras de la reconstrucción de la época y la teatralización actoral, verdaderas bazas de la apuesta. Con todo, el resultado es una película bonita, digna de verse. Para pasar el rato y, con un poco de fantasía, sentirse un milord del Almirantazgo viajando a “todo tren” por la vieja Mitteluropa.

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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