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Cartelera Segovia: Ad Astra

Sinceramente, mala de la muerte tiene que ser a película de ciencia ficción que a mí no me guste. De algún modo, el header (o ilustración superior de la página web de esta sección) es ya una inequívoca declaración de principios. En lo tocante a naves espaciales es que no recuerdo ninguna que me desagradara o no me entretuviera de principio a fin. Son un fan, un friki; en casa guardo la colección de maquetas de las naves de la Guerra de las Galaxias que se vendían en fascículos años ha. Es así que me plante a ver Ad Astra con las expectativas bien arriba. Se hablaba de una película comparable a Gravity o Interestellar, que son dos cimeras del género.

Y bueno, sí, es una película buena. Bien producida, bien interpretada, bien todo… Pero de compararla a Interestellar, pues nada, como mucho en el plano formal, respecto a Gravity ni eso. En este sentido es una película fallida, que se queda muy por debajo de lo que pretendió ser.

Aquí Brad Pit hace de Roy McBride, astronauta de segunda generación cuyo padre es un hito en la profesión al completar el primer viaje a Neptuno, donde desapareció cuando comandaba la Misión Lima, encaminada a contactar con civilizaciones alienígenas. Claro, que tu padre se embarque en un viaje de 20 años cuando eres adolescente es como lo  del tío de Alcalá, que ni tío ni ná.  Así que Roy ha vivido media vida con todo tipo de complejos personales, mutilaciones emocionales, a pesar de lo cual, e incomprensiblemente, es un astronauta muy valorado, paradigma de equilibrio emocional. De hecho, lo mejor de la película son esas sensacionales secuencias iniciales que, de algún modo, nos contextualizan la aventurera biografía del protagonista. Hecha la presentación del héroe, la cuestión es que una catástrofe cósmica que amenaza con el habitual cabum, el mundo al carajo, parece estar relacionada con la Misión Lima. Hay que mandar a Roy a reencontrarse con lo que pudiera ser su padre, al parecer, trastornado. Pero mandarlo a Neptuno, al límite del sistema, a varios años de confinamiento en una pecera espacial. Y aquí, comentemos como de pasada, surgen varios elementos contradictorios que hacen torcer el morro al aficionado hard (¿porque un viaje de 19 años queda en 72 días?, y de estas contradicciones hay algunas más señal de que poca ciencia ficción ha leído los promotores).

Rápidamente este planteamiento, largo viaje a través de lo desconocido para poner en vereda al hombre mítico que parece haber perdido los cabales en una situación límite, nos lleva a la gran-gran Viaje al corazón de las tinieblas, de Conrad, con la odisea de Charlie Marlow al encuentro en las profundidades del Congo con el demenciado Kurtz. O en lo tocante al cine, a la memorable adaptación del relato de John Milius y Ford Coppola, esta catedral del celuloide titulada Apocalypse Now.

Está claro que el director de Ad Adstra, John Gray, solvente artesano pero factor de una filmografía menor, no es Coppola, pero la historia plantea las mismas pretensiones. Y aquí está el kid de la cuestión, es como si el director quisiera rodar una space opera palomitera en tanto el productor, Brad Pitt,  quería un hito en su carrera, un Blade Runner o, tirando bajo, un Interestellar.

Y claro, el guión no da. En la película de Coppola los sucesos que acompañaban ese viaje al centro de la locura (la masacre de una aldea del Vietcong, el alucinante show de Play Boy al ritmo de los Credence en una base logística) tenían como finalidad ir ahondando en esa inmersión en la irrealidad en la onda de la novela de Conrad. En cambio,en  el viaje de McBride en el que también acaecen sucesos digamos que inconexos con la trama central, la única finalidad es engordar el minutaje y salpimentar la larga odisea con planos entretenidos. Si Apocalypse Now ponía mucho empeño en exprimir la psicología de los navegantes de las pequeña lancha Mekong arriba, un pequeño micromundo, la tripulación del Cepeheus es mero atrezzo en todo momento. Eso a modo de ejemplo. Las comparaciones son odiosas.

En el fondo sucede que tanto la denuncia del colonialismo, fin último de la novela de Conrad,  como la guerra de Vietnam fueron y son dos grandes plagas de la historia humana, tanto Conrad como Ford Coppola, ponen el foco en la espiral irracional que nos lleva a la destrucción personal y al «horror» como situación existencial resultante del apocalipsis que entraña la explotación del hombre por el hombre. Todo este plano reflexivo no es que desaparezca en Ad Adstra, pero queda tan desdibujado que, al final, obtenemos una visualmente admirable recreación, más que del Viaje al corazón de las tinieblas, al De los Apeninos a los Andes. Que es diferente cuestión.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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2 Comments

  1. Pues a mí me gustó, dentro de lo que cabe. Pero como dice, no es gran cosa, en línea con Interstelar o Gravity (ambas muy visuales y tan fallidas o no com Ad Astra). Nada que ver con Blade Runner, 2001-2010, Enemigo mío, Atmosfera 0, Naves Misteriosas (esta me marcó pa siempre :-)………..)

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    • Uy… Naves misteriosas, qué buena… Para los lectores que no la hayan visto, en inglés Silent Running, una eco-epopeya impresionante.

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