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Capturada en los pinares de Segovia una bisonte tras 120 días de fuga y acecho

Probablemente, ha sido la partida de caza más larga de la historia de Segovia, una odisea, o mejor, todo un western. El acecho durante meses de un bisonte, uno de los 4.000 ejemplares de bisonte europeo que quedan, trasplantado a Segovia el pasado mes de abril y que se escapó al poco de llegar. Durante meses el bisonte, en realidad una bisonta de unos dos años y 400 Kg, ha campado libre por los pinares y bosques segovianos, ramoneando por un cuadrado con vértices en Lastras de Cuéllar, Hontalbilla, Cabezuela y Navalilla, 30Km2 de extensión. Un equipo de una decena de personas, completando 120 días de rastreo, logró anestesiar a la bisonte el 29 de agosto en los bosques de Navalilla, y retornarla a la finca de El Cubillo donde está el resto de la manada. Sana y salva y en perfecta forma. Como explica el director de Naturaltur y uno de los protagonistas de esta historia, Jesús Tovar, «ha sido una lección de supervivencia». Esta es la impagable historia de Juanita Calamidad, nombre con el que se bautizó a la bisonte.

El bisonte europeo se extinguió en 1918 de su última reserva, en la frontera entre Polonia y Bielorrusia. Tras la IIGM, a

Zona de acecho de Juanita Calamidad.

partir de ejemplares de zoos rusos, se inició un programa de recuperación y reintroducción. Un largo y trabajado proyecto coronado por el éxito. Actualmente la especie se considera en franca fase de recuperación. Pero para asegurar su supervivencia y también su variabilidad genética,  se diseñó un plan de  asentamiento de manadas en diversos países europeos. A este plan se asociaba otro de dinamización del turismo rural. En Segovia, la yeguada El Cubillo y la empresa Naturaltur sumaron esfuerzos para habilitar un amplio espacio semisalvaje en el corazón de la provincia en el que asentar una pequeña manada de bisontes.

En diciembre de 2017 llegaron los dos primeros bisontes a Segovia, a los que en abril se sumaron nueve ejemplares más, entre ellos Juanita. Pasó que la bisonta, asustada por la gente y los caballos escapó en una fuga de 4 meses que concluía con final feliz el 29 de agosto en Navalilla.

Para entenderlo hay que conocer el carácter esquivo de los bisontes europeos. «Son muy listos y viven perfectamente en el bosque, indetectables con los prismáticos y extremadamente huidizos, un ruido, un olor y huyen», explica Tovar. Corren más que un caballo y son nómadas, «a partir de un radio de 16 kilómetros podía estar hoy aquí y al siguiente a 10 kilómetros». La prioridad fue siempre rescatarla viva. Se probó con batidas de perros alanos, se probó con batidas a caballo. No había manera. A finales de mayo, el equipo de recuperación dirigido por el veterinario coordinador del proyecto de reintroducción en España, Fernando Morán, y el cazador segoviano de La Matilla Agustín García, además del propio Tovar y Juan Mariano Jesús Peña «El Pibe», entre otros, optaron por encargar dardos anestesiantes.

«A un animal lo puedes caer de un disparo a 150, a 200 metros, pero para anestesiar hay que acercarse a 40 metros». No hay manera de acercarse tanto a un bisonte de buenas a primeras, así que el equipo estuvo durante meses estudiando al bisonte. ¿Cómo se hace? A lo indio Sioux, ni más ni menos. De vez en vez, resineros y agricultores informaban de algún avistamiento. Hacia la zona se desplazaba Tovar o algún otro miembro del equipo. «Lo primero que miramos son las zonas de abrevar, charcas temporales, pequeñas lagunas. En el barro puedes ver sus huellas, son dos pezuñas, inconfundibles. Luego es cuestión de paciencia, yo nunca antes he visto tantas veces amanecer en el campo como en estos días», dice Tovar. La prioridad era alejar a Juanita de zonas peligrosas, carreteras, núcleos urbanos… Hay que decir que Juanita se comportó. «Son como lobos, antes de cruzar una carretera se lo estudian, observan, pasan si no hay nada  ni nadie», dice Tovar.

Los primeros intentos se saldaron en fracaso, cuando no la gente, el ruido de toda la logística del operativo, hacía huir a Juanita. Ademas, con una primavera lluviosa había agua por todas partes, y follaje, alimento de sobras. «Ella buscaba a su manada, durante estos días la hemos visto con toda clase de animales silvestres, carneros, vacas, incluso durante un tiempo había un ternero que la seguía.  Ideamos un plan, esperar a que el verano secase las charcas de agua, una vez controlado donde abrevaba, actuar. Entre tanto había que acostumbrarla a nuestros ruidos, a nuestros olores».

Arriba. Juanita en el corral de la Yeguada. Recuperándose de la anestesia y posando junto a sus «cazadores». Fotos Naturaltur.

Y funcionó. «Hemos tenido que esperar a las fiestas de Cuéllar. Durante estos días, por las fiestas de Cuéllar y de los pueblos deja de haber gente en los bosques. El día 28 dijimos ahora o nunca». La partida, unas ocho personas, salió de noche a la zona donde había sido avistada Juanita abrevando últimamente. Un equipo de varios todo-terrenos con una camilla especial para bisontes (lo que leen, con una cama de goma y aparataje especial para los cuernos, en la caza de Juanita se ha invertido una pequeña fortuna). «Dejamos los todoterrenos a kilómetro y medio del abrevadero. Para dar una idea de la complejidad de la captura, un detalle. «Los vehículos los dejamos con el motor puesto. Una variación en el sonido y la bisonta se habría perdido en el bosque». Sobre las cinco de la madrugada los «cazadores» tomaron posiciones alrededor del abrevadero. Se estudiaron zonas de salida y escape y Fernando se apostó en una salida y Agustín en otra.

«Tuvimos suerte», reconoce Tovar. Poco después aparecía Juanita. Fernando y Agustín dispararon a la vez, así que la captura está en duda. «Le dieron los dos». Tras unos instantes eternos, Juanita cayó. El equipo corrió entonces a preparar el rescate. Y es que la anestesia siempre es una carta arriesgada, una dosis alta y el ritmo cardíaco se detiene para siempre. Hay que velar continuamente, aplicarle un antídoto rápidamente para minimizar el efecto de la anestesia. Todo salió a la perfección. Tras aplicarle un desparasitante, tras constatar el buen estado de salud de la bisonte, se la subió a la camilla. A pata, se la acercó hasta los vehículos. De ahí, a «casa», a la finca de El Cubillo.

Acababan así 120 días de fuga en los que un bisonte ha vuelto a campar libre y salvaje por la provincia de Segovia. Algo que no pasaba desde el Neolítico.

Author: Redacción

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7 Comments

  1. Preciso y pormenorizado relato de una cacería insólita. Algún día me pasaré por la Mata Rosueros para ver al animal.

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  2. Sí, y ganas de salir en la foto para que nos vean bien.

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  3. Serán cazadores acostumbrados a cazar.
    Recuerdo en una ocasión alguien preparó una cacería de un ejemplar de avestruz,en esta provincia, al final abortado.
    Que odisea hay en el campo.
    Felicidades por el fin de la historia.

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    • A la bisonte la pegaba más el nombre de Rufiana!

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  4. Más bisontes y menos lobos.
    Tampoco estaría de más que hubiese cabras salvajes por ahí y que limpiasen naturalmente los suelos de los bosques… Claro que si dejamos esquilmar las setas por foráneos desarraigados y ninguna ética, podemos imaginar lo que pasaría con el resto.
    Volviendo al tema, bonita aventura y precioso animal.

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  5. Muy buena historia la de Juanita Calamidad
    a galope por los pinares segovianos!

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  6. Hay bisontes en El Cubillo y en Los Porretales de Lastras. Creo, que en lugar de la finca de El Cubillo, el bisonte se escapó de la finca de Los Porretales en Lastras de Cuéllar, y es donde ahora está, ya de allí se escapó el día que la trajeron.

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