Bezoya, el arte de transformar el agua en millones

Tiene suerte Calidad Pascual con Juan Vicente Herrera, el presidente de Castilla y León gasta madera de comercial. Junto con el máximo directivo del gigante alimentario, Tomás Pascual Gómez-Cuétara, Herrera procedió el 14 de marzo a la inauguración de la nueva planta de Bezoya en Ortigosa, soltando de corrillo los datos e historia de la firma. Solo le faltó el CIF.

Vean. Más de 700 millones de euros de giro (el grupo, Bezoya genera 182 millones por si sola), 2.300 empleados, 15 millones de inversión en las nuevas instalaciones segovianas, 200 referencias en el catálogo, presencia en 62 países y 20.000 puntos de venta en España, seis plantas de producción (cuatro en Castilla y León), recitó el presidente de memoria sin chuleta y a pelo. Todo lo cual convierte al grupo en prez y honra de la niña bonita de la Junta, la agroalimentación, allí donde el presidente basa buena parte del futuro de la tierra. "Un sector que supone 10.000 millones de euros, el 20% de los cuales viene de la exportación", se jactaba para lanzar un reto a su sucesor: "que en 2020 el sector industrial pase de ser el 18% del PIB al 20% y que volvamos a superar el millón de trabajadores ocupados (ahora andamos en 970.000)", dijo.

Herrera empezó lanzando un cántico a su paisano burgalés, el emprendedor Tomás Pascual Sanz, fundador de la saga "y empresario de leyenda", como le caracterizó, enfatizando su compromiso y el de sus sucesores con Castilla y León.  Contó alguna anécdota, como el recurso a Pascual cuando una multinacional decidió dejar de recoger la leche de cientos de ganaderos, pero la mejor la puso el hijo del legendario empresario, que recordó como en 1974 su padre se hizo con la concesión de los manantiales de Ortigosa por la sencilla razón de que era el agua favorita del burgalés. El hombre andaba tocado por el ácido úrico y precisaba agua de mineralización baja. "La de Ortigosa era la que le gustaba más y se compró el manantial", recordaba el hijo.

La concesión -informaciones no oficiales la cifran en 50 litros por segundo en el Milanillos, a lo que hay que añadir otra segunda en el Cambrones- basa su calidad en el filtrado natural a través del granito pulverizado del agua de lluvia y los neveros de la Mujer Muerta. De ello resulta la "mineralización débil", extraño slogan (o eres mineral o no lo eres), que se traduce en un máximo de 28Mg de residuo seco en suspensión (la normativa admite hasta 500Mg). "Prácticamente, lo que hacemos aquí es filtrarla y envasarla".

Y sí, básicamente, a eso y almacenes se dedican los 15.000 m² de instalaciones de Ortigosa. Una nave inmensa que actualmente ocupan dos líneas de envasado, lo que viene a ser la mitad de la superficie fabril disponible. La otra mitad, vacía, está por si se algún día hay que ampliar producción con nuevos formatos o más líneas.

Que no sería de extrañar.  Desde luego, no se puede negar que Tomás Pascual padre fue un visionario de todas todas. En 1974 el agua mineral ¿la bebía alguien? Hoy las cosas son bien distintas. El sector del agua embotellada no sabe de crisis, al contrario, sus crecimientos son del 4% en 2016, del 8% en 2017 y perspectivas de superar los dos dígitos en 2018. A la gente le priva hidratarse, término que políticos y empresarios usaron ayer en lugar de beber. Se conoce que si uno tira del grifo, bebe, si de botella, se hidrata.

Sostenibilidad a un litro por segundo

Y allí van las plantas de Ortigosa. La antigua reservada ahora al cristal, en tanto en la nueva 31.000 botellas por hora entran en la llenadora de 1,5 litros para pasar luego -todo robotizado- a la zona de retractilado y a la de empaquetado. Similar recorrido las de 5 litros, en la nueva línea, a 4.000 por hora.  Sobre 80.000 litros la hora, a uno por segundo. De ahí a los almacenes, que además de en la propia planta, están en otras naves a 5 kilómetros, a pie de carretera, más en las de Trescasas, amén de puntos de distribución en toda la geografía nacional.

Y es que si el envasado de agua no tiene mayor problema, el acopio sí, necesario esfuerzo logístico para mantener la oferta a lo largo del año y especialmente en verano, cuando se multiplica el consumo. Es la sostenibilidad, palabra invocada reiteradas veces tanto por Herrera como por Pascual, recalcando ambos el compromiso del grupo "con la sostenibilidad". Que en lo tocante a aguas apunta al talón de Aquiles del negocio: la necesidad de preservar los manantiales. "Aproximadamente en septiembre dejamos de envasar, hasta que se vuelven a llenar los manantiales. Por eso hay que almacenar tanto", explica un directivo de la planta. Algo así como un pantano bajo techo.

Galería de fotos

  • Embotelladora
  • Vista de la planta, con invitados asomados a la galería
  • Juan Vicente Herrera
  • Tomás Pascual Gómez-Cuétara
  • Fila de autoridades
  • Comitiva
  • Recorrido por la planta
  • Recorrido
  • Robot
  • Vista del exterior

Autor: Redacción

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1 Comentario

  1. Como ya llueve, todos contentos. Una inauguración meses atrás, quizá, habría sido muy distinta 😉 Con su pan, disculpas con su agua, y sus millones, se lo coman. Todos

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