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Atención, madrileños sueltos

Ya me pasó el sábado anterior. Me bajo de Palazuelos a por plantones de tomates al mercado a eso del mediodía y me encuentro caravana desde Juan de Borbón hasta la callejuela más recóndita de Segovia. Plagado de madrileños, que como caracoles con lluvia se han puesto de acuerdo para caer sobre esta pacífica provincia, «marabunta«, dice el concejal del ramo. No pude ni aparcar pagando, que ya es decir. Nada, vuelta a Palazuelos y a plantar garbanzos de Valseca.

Estamos en temporada alta. La convergencia de los macro-puentes madrileños que atestan la vieja Segovia de familias y novios, con sus preguntas desarmantes del tipo «¿las murallas no estaban en Ávila?, qué curioso tú».  Y como ya no pueden mover el coche por la «almendra» deben tener mono que se vienen todos a la misma hora. ¿Por el Puerto o el Túnel?, se preguntan, venga, por el túnel, que luego hay dos carriles hasta los mismísimos pinreles del Acueducto. Qué bella vista.

Y la pobre gente atrapada en la trampa de la SG-20, la que viniendo de Madrid te lleva a La Granja, para converger todos en las rotondas de Nueva Segovia, donde claramente -la experiencia es un grado- los madrileños llevan ventaja a los lugareños, que no estamos acostumbrados a estas arrancadas  Carabancheleras para optimizar los huecos. Así que uno trata de sobreponerse a un amago de angina de pecho y ves a los del Suv familiar, que al pelo fue de 500€ en chapa, riendo felices y a todo lo más la señora, mirándote con extrañeza y como diciendo, pobre hombre, parece que le está dando una ángina de pecho.

Chinos por un convenio justo.

El día 1 de mayo, peor, madrileños, manifestantes, colas en el carrusel de Andrea y chinos con el cartel de «Por un convenio justo» (que ya es lo último que me faltaba por ver). Llevo ya mil duros en gasolina, y eso que el 2 me tocó bajar al IE, de ahí al polígono Hontoria, de ahí a Palazuelos. 40 minutos. El 3, bajo a por carne al Carmen –Carnicería Marino Plaza– y todo más o menos bien, salvo que al salir cargado de panceta me encuentro que operarios municipales han puesto conos justo a 10 metros por delante y a 10 metros por detrás de mi carro en la calle Alonso Ledesma. Y todo recién pintado. ¿Pero de dónde sales?, me pregunta el capataz. Pongo cara de bobo a punto de llorar y suelto «pues de ahí,  que he aparcado el coche y»… Apiadado, el capataz me despeja los conos sin golpearme ni nada, yo salgo con las ruedas blancas y un currante que suelta, «¡hala!… a volver a pintar, hay que joderse». Y así está más o menos todo. Donde no pintan, asfaltan, donde no asfaltan, maquean, que a finales alguno se juega el puesto de trabajo, y encima, madrileños curtidos en atascos maniobrando tan pichis y felices, «hay que ver qué bonito es Segovia y qué de obras tienen». Pues sí.

Conste que les tengo cariño. Es incómodo, pero entiendo que la ciudad vive de lo que vive, como me dijeron en Burgos hace ya años, «de la historia de sus piedras y el talante de sus gentes«, en gran medida, de estos macropuentes de reserva a las 13:30, a las 15 o, si queda algo, para las 16:30. Que va en el ADN del urbanita (de urbe, no de este rinconcillo de la España vacía) salir, sí o sí, el día de asueto. Ya sea a Toledo, Segovia, La Granja o Chinchón… y hasta Palazuelos de Eresma, que de vuelta de mi odisea con los conos y la panceta (y un día más sin tomates, que se me va a pasar la temporada) me digo, venga, hagamos un chato en El Chorrillo a ver si se me pasa el susto, y zasca, la Real Sitio Cup, con mil y pico familias moviéndose de La Granja a la Mina, con los Suvs y todo-terrenos como si transitasen por un peligroso desfiladero del Pakistán, a 40 y por el medio y frenando aquí para ver un caballo, allá para «mira niño, eso es una vaca». O admirar el campo, que realmente está que se sale de precioso.

Pero la venganza es un plato que se come frío. Por la tarde, gran duelo en La Mina entre infantiles del Monteresma y un equipo ¡¡danés!! En la grada un despliegue de papás rubios y más rubias, el más bajito de metro ochenta, gente tranquila pero arrasando con las cervezas. «De esta no salimos», oigo decir a un chavalín, amedrentado, viendo los bigardos escandinavos infantiles. ¿Sí? Pues 4-1 para los morados. A cascarla. Los daneses a lo suyo. «Aquí  un eurro, Danmark 5 eurros», me explica uno lata en mano, mientras el del bar le dice ¿Qué querer de aperitivo?, así, en inglés del alfoz, es decir, en tres tonos más altos que de costumbre. Sí, como para explicarle lo del pincho…

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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3 Comments

  1. Buen y acertado artículo señor Luis.

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  2. Al empezar a vivir en Madrid me mataban los atascos, estaba acostumbrado a cruzar Segovia en 10 minutos, ahora un atasco de media hora me parece normal y todo.

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  3. Sólo en Madrid hay atascos, obras y los coches contaminan. Vámonos para Segovia que allí no pasan esas cosas. Artículo muy bien descrito.

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