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Apurando mandato

Claro que no es nada nuevo, quizá hasta sea legítimo, que los gobiernos de las distintas administraciones aprovechen hasta el último minuto para realizar acciones con las que contentar al electorado en el último segundo. Un bache, una farola que no luce hace años, una distinción honorífica, una subvención bien cacareada o, si es necesario, un homenaje exagerado y público “por lo bien que lo has hecho” al cargo público de turno al que se ha eliminado de la lista electoral.

Si, el caso del premio otorgado por “el grupo socialista” (creo que es la primera vez que un grupo municipal crea e institucionaliza un premio y lo entrega en público en vez de hacerlo en una cena de amigos, que parece lo indicado) a la concejala, Paloma Maroto, con el nombre “Paloma Maroto” y entregado por la alcaldesa (no por la presidenta del grupo) entre medias de actos públicos, uno de ellos pagado con dinero municipal y metido de clavo en el programa de actos de las fiestas de San José, parece una clara demostración de eso que se dice siempre que controla la Junta Electoral pero que, a la postre, resulta incontrolable. Por muy chusco que sea.

Por delante le diré que el Ayuntamiento de Segovia no es el único que hace este tipo de cosas, que quien más, quien menos, se está dedicando a hacer obras de última hora —en la vecina La Lastrilla se asfaltan calles en este momento— otorga premios honoríficos, como la Diputación, hace una semana, o saca notas públicas de supuestos logros que en realidad pertenecen al funcionamiento ordinario de la administración en cuestión. Todo vale para vender una supuesta eficacia de gestión de última hora con la idea, obsoleta, creo yo, de que el ciudadano sólo se fija en lo más reciente.

Pero es que siendo yo urbanita provinciano (vamos, de Segovia, de toda la vida) llevo unos días observando el “arreón final” de los del Ayuntamiento capitalino. Lo de Maroto ya me causó cierta turbación que ya barruntaba de antes por las prisas y la coincidencia de los plazos fijados para la entrega de propuestas a los presupuestos participativos y la propia campaña electoral. Pero es que lo del asfaltado nocturno previsto para la próxima semana…

Primero, pienso en los vecinos que para el martes y el miércoles aún estarán tratando de sacarse de los oídos los decibelios de las exitosas verbenas de las fiestas del Cristo del Mercado y se encontrarán, en mitad de la semana laboral, con las máquinas pesadas, en absoluto silenciosas, trabajando de 22.00 a 7.00 horas. La justificación es la de “no alterar el tráfico” aunque mire, me suena a que alguien del “equipo de campaña” habrá pensado que según está el personal con lo de los atascos, mejor no dar nuevos motivos para la queja de los conductores. Muy bien, si no fuera porque en esta ciudad el tráfico se altera cada día por los motivos más dispares o porque se ha tenido la principal vía de acceso al casco antiguo, San Juan, cerrada siete meses mientras se mantenía un estricto horario de trabajo diurno, dando largas semanas al cemento para que “fraguara bien” y descansando lo que fuera necesario si caían cuatro gotas, que han sido pocas. (¿Pero cómo puñetas asfaltan y adoquinan en Finlandia o Reino Unido?). Llámeme suspicaz pero me temo que la diferencia entre una obra y otra es que la de San Juan “llegaba de sobra” a elecciones y esta del barrio de la estación “corre prisa”, que la campaña empieza el viernes que viene.

Intento comprender que un gobierno, cualquier gobierno, trate de apurar su vigencia cubriendo el máximo posible el expediente de tareas realizadas y que defienda que eso se pueda hacer hasta el último minuto, pese al alto riesgo de que se produzcan los efectos contrarios a lo que se busca. Valga el ejemplo del contrato de los autobuses urbanos con el que tanto se ha apurado su entrada en vigor que no hay tiempo material para corregir los muchos errores y defectos que han detectado los usuarios cuando han tratado de adaptarse al nuevo sistema y que suben a los vehículos haciendo prácticas de hebreo antiguo. Claro, que en este caso lo que hay son graves errores de diseño del propio pliego, cuya redacción se ha depositado en las manos equivocadas desde el primer momento. El caso es que de un golpe de efecto del que cabría esperar que llovieran miles de votos —el truco de los urbanos ha funcionado como un reloj suizo en toda la era socialista— se ha pasado a una alta probabilidad de que se convierta en un elemento de resta.

También habrá que ver el efecto que produce “lo que falta”. Si los autobuses son el mayor contrato que firma el Ayuntamiento, el de limpieza viaria y recogida de basuras no se queda atrás, pero llegará el 26 de mayo sin nuevos camiones, ni contenedores, ni novedades en el servicio. Simplemente no habrá contrato firmado. Difícilmente llegará a tiempo el Peahis y si lo hace, por los pelos. De ninguna manera la Ordenanza de protección del Acueducto —al menos una decena de veces se ha anunciado «para el mes que viene»— o el nuevo contrato de la ORA y por los pelos y sin ningún efecto sobre la ciudadanía, por simple hartazgo, la reapertura del aparcamiento de José Zorrilla, sólo por citar algunos de los asuntos que han copado la actividad durante los cuatro últimos años.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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2 Comments

  1. Doña Clara tendría que irse a su casita ya. Lástima, vamos a tener a ésta señora otros 4 años más 🙁

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  2. Una vergüenza absoluta el funcionamiento del Ayuntamiento de Segovia, todo tarde y mal. Es lo que ocurre cuando alguien lleva 16 años de cargo público, debería estar directamente prohibido, pero creo que ante las oportunidades laborales de Luquero, ha decidido estirarlo a 20 (espero que no) para jubilarse con una buena pensión.

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