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Al Trump Trump

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Pienso que los políticos de hoy  llaman “ideología” al mero conjunto de slóganes con el que conectan con su electorado. En otras palabras, lo que se entiende por ideología no deja de ser “oportunismo”, o si prefieren, marketing. Así que sospecho que Donald Trump  no profesa, en realidad, ningún ideario. Simplemente supo barruntar una retórica, un discurso huérfano de representatividad política en un amplio espectro de la sociedad americana, y allí se instaló desde una semántica directa, de trazo grueso y de alta conectividad con el ciudadano medio, de eficacia contrastada durante sus años de supuesto gurú empresarial y tertuliano de talk-show.

¿Cuál es esa retórica? Que hay un declive en el mercado laboral americano derivado de la globalización y de la fuga industrial. Que si no protegemos el mercado laboral local de la inmigración ilegal, nos lo cargamos. Eso se agita convenientemente y destila un neo-nacionalismo populista. El mismo que atenaza media Europa (Le Pen, en Francia, UKeep, Alternativa para Alemania, en Hungría, en Finlandia, en Bélgica, en Rumanía…) Económicamente, el mal está en el comercio internacional, en tanto que como banderín de enganche para el electorado más cazurro ubicamos al inmigrante como chivo expiatorio. ¡La culpa es de los moros!

Vaya por delante que en este análisis hay fundamentos serios y racionales, siempre los hay. Y también mucha mala leche, mucho patriotismo de barato y altas dosis de racismo. Para mi gusto demasiado.

Bien. Tenemos a los populistas de un lado. De otro el “aparato”. La política entendida como aparatocracia, como un mecanismo de conservación en el tiempo del poder oligárquico-administrativo. Clinton. El “aparato” instala su retórica en el mal menor, para lo cual precisa pintar al rival como “mal mayor”. Este ha sido el caso. Hillary Clinton, carente de liderazgo, se ha hartado de enfatizar los evidentes defectos de Trump. Pero fuera de eso, ¿qué? Poca cosa.

Así pues las corrientes “ideológicas” de hoy son el populismo y el stablishment. El primero  nos dice: estás en poder los bancos, de las multinacionales, que te quieren sustituir por chinos y robots…  ¡Deja que te libere! El segundo practica el discurso del miedo: en serio confiarás en ese loco advenedizo… ¡Hacemos lo que podemos!… e intenta hipnotizarnos con gráficas del PIB.

¿Hay que temer a Trump? Realmente me cuesta pensar que vaya a ser él, precisamente él, el hombre que imponga aranceles del 35% e implante tasas a las operaciones financieras. De acuerdo, agilizará la expulsión de unos pocos miles de ilegales y reforzará la guardia fronteriza, restringir visados hasta que el sector turístico le diga, eh, ¿qué pasa?. Pero poco más puede hacer. En Estados Unidos existe toda una malla de contrapoderes ideados precisamente para matizar ese populismo. Legislaciones federales, retahílas de derechos constitucionales intocables, poderes locales realmente vigorosos. Nada.

Es cierto, ya nos ha sorprendido una vez. Con su pinta anaranjada y flequillo encrespado, los “cosmopolitas” y  sabidillos europeos lo hemos infravalorado como el típico patán ricacho americano. Igual nos vuelve a sorprender. A estas alturas, ya debería ser claro que el tipo es mucho más listo de lo que parece. Pero lo previsible es que, pasados seis meses de hiperactividad, Trump se limite a disfrutar del cargo. A mirarse al espejo y rodearse de celebrities horteras. A buscar novia, que a Melania se le empieza a caer la delantera. Lo que vienen haciendo los presidentes: rascarse la tripa y postureo.

Más miedo da la transposición a Europa de ese nacional-populismo de connotaciones racistas. Que si Lepenes, soldados de Odín, alternativas para Alemania, para Chequia del norte y Polonia del sur. Más miedo da ver el descrédito absoluto  de las instancias que hasta ahora propiciaban una Europa fuerte. Desgraciadamente, Trump no es el problema. El problema ya habita bien adentro y tiene mala pinta. Y menos lobos, europeos, no sea que tenga que ser un patán americano el que salga a nuestro rescate, como en el 45.

Autor: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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